
No excesivamente
larga. Para mí las mejores son las más escuetas, digamos 10 entrantes, 5 carnes
y 5 pescados. Recibo la sensación que trabajan mejor lo poco que ofrecen. La antítesis es el libro
del restaurante de VIPS. Lleno de adjetivos
untuosos, gratuitos, grandilocuentes y reiterativos. Otra curiosa es la de los franquiciados Sagardi Euskal Taberna: Increíble haciendo política en la carta
(haber si me llevo la cámara y le hecho una fotico).
Buen comienzo es
cuando, con la carta en la mano y a la vista de las presuntas exquisiteces, las
glándulas salivares aceleran ostensiblemente su función (atención, no llegar a
babear que es de mala educación).
Resulta evidente
que las especialidades y las sugerencias del día son las que hay que atacar.
Con respecto a las sugerencias verbales, considero que son peligrosas y poco
honestas. Si el restaurante tiene una adquisición interesante debiera exponerla
en la carta, con su correspondiente precio. No me gusta el ofrecimiento verbal
por que desconozco su importe. Recuerdo una comida de empresa en el año 2001
(+-) en Casa Sento. Nos dejamos aconsejar por la
destreza verbal del jefe, de manera que la cuenta ascendió a 180 euros por
comensal (la factura más alta de mi vida). Como entonces sólo aceptaban la
tarjeta American Express, que no teníamos (Visa no,
en la actualidad sí) tuvimos que salir a un cajero a mendigarle el importe que
zanjara nuestros desmanes. Reitero mi
disconformidad por las sugerencias verbales del día. Que no sean tan vagos, que
se ahorren esas triquiñuelas, y que en un papelito lo añadan a la carta. Ahora que tengo más madera, simplemente les
pregunto el precio de sus sugerencias verbales (a veces por vergüenza no lo hago,
pero voy intentándolo).
Una indicación:
Cuando tengas duda en algún plato o bebida, elige siempre la más económica, y
díselo al encargado con toda naturalidad. Ya sabes que lo más caro a veces no
es lo mejor.
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