Por
supuesto que he visitado lugares infectos, sin saberlo claro está, o que
existen situaciones límite que yo considero intolerables.
Entre los lugares a huir considero, 
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Pilar en la calle
Bolsería. Es ese barucho inmundo, mugriento de tapas donde se toman las peores
clóchinas del mundo (pilareta, le llaman a una ración de ese presunto bivalvo).
Una panda de guarros aprovechando su privilegiada situación. Ojo con coger alguna infección.
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Seu Xerea. Dejé de
visitar este moderno antro hace ya algunos años por su mala educación. En una
ocasión organicé una comida de unas 15 personas, y ya sabes que conforme pasa
el tiempo te van anulando algunas y surgen nuevas incorporaciones. Pues yo les
llamé en tres ocasiones para rectificar el número de comensales con el buen
ánimo de ocupar lo estrictamente necesario y no perjudicar sus ventas. La
última se puso el encargado o jefe, y me recriminó tanto vaivén. Como es un
gilipollas, pues eso mismo.
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Moma en la calle Corregería por el imbécil del camarero y sus
despectivos cocineros.
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Tapinería por la
forma de decirnos que nos levantáramos para el siguiente turno.
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Marrasquino Mar por tenernos 15 minutos de pie, con la establecimiento
casi vacío por el inepto de su encargado.
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Espaguetti &
Blues por sus cucarachas en
la ensalada.
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La Taula de Paula
por su servicio y calidad infame.