Evidentemente es imprescindible.  ¿Hasta dónde soy permisivo?  Me gustaría ser tajante; 0 patatero.  Pero soy capaz de volver a Spaghetti y Blues de la playa de Alboraya, después de salirme un insecto de ocho patas en la ensalada de pasta (y eso cabrea y más aún la falta de detalles).

Tengo algunas anécdotas, pero recuerdo una con cariño en un local de Chulilla solicitando al camarero nos limpiara la mesa de miguitas de pan, y ante nuestro estupor, el tío se pone a SOPLAR con la boca, juas, juas.